¿Crees que soy sexy?


 

¿Crees que soy sexy?

                                         I

Llegó al sábado 10 de marzo de 1979 un poco agitado, quizá con la idea de ir despidiendo un verano enrevesado por lo ideológico. Luego de la obtención del Mundial 78, los milicos y sus lameculos estaban embalados en la tarea de confundir. Su capacidad de vender por bueno lo más horrible hacía el resto. Un par de días antes estábamos con los pibes parados en la esquina de Velasco y Darwin, cuando Mónica dijo que escuchó en radio que habría un evento importante el sábado en el Club Los Indios de Moreno, en aquella localidad del Conurbano oeste. Agregó que dos chicas, que le llevaban unos años y que trabajaban haciendo la limpieza en dos departamentos de la avenida Corrientes, se lo habían comentado con cierto entusiasmo en el almacén, con un dejo de intimidad, como para que fuese a vivir una noche muy especial.

Nos transmitió esa novedad acentuando lo de noche especial y yo tomé nota, no era común en ella estar atenta a este tipo de situaciones. El tema de la distancia no era un problema, solo cuestión de ir a Once, tomar el tren Sarmiento y viajar un largo rato. Varias veces estuvimos en ese club. Incluso recordé que una vez fuimos a ver a Invisible, aquel grupo inolvidable de Spinetta, un show corto en los tiempos del álbum Durazno sangrando.

El viaje en tren fue vivaz, como siempre que un grupo de pibes lo hace. Hubo un momento en que el tren se detuvo unos minutos antes de ingresar a una estación.

-¿Por qué entra tan despacio en esta estación?

-¡Qué nombre extraño tiene… San Antonio de Padua,  todas las estaciones tienen una sola palabra...

-Es un lugar famoso en la zona. Lo llaman la Perla del Oeste, por los árboles y la arquitectura.

-¿Cómo sabés eso?

-Tengo una conocida que es de acá, una estudiante de medicina que sueña con ser psicoanalista… una mina que tiene varios planes a largo plazo.

-Se ve que estás muy al tanto de sus asuntos…

Mónica dejó de mirar la estación arrojándome una mirada firme.

-Bueh… la conozco de un bar cerca de la facultad, una pensante.

-De ahora en más yo también soy una pensante…

-Eh, no seas ortiva.

Se arrimó a mi oreja para transmitir un secreto y susurró:

-Transemos… yo no soy ortiva y vos no sos boludo.

La miré como con bronca y junando pero no agregué nada, me la clavó en el ángulo, así que la fui a buscar al fondo del arco y le pedí perdón a la tribuna local, me comí un gol por cancherear. Cerré el comentario, preferí no ahondar ni en la belleza ni en la mística de mi amiga; no quise tener una noche difícil y opté por un silencio insano.

Lo que nunca supuse fue que esa noche iba a tener una  desconcertante revelación, algo que a partir de allí me hizo pensar en una confabulación . Quedé entrampado en una maraña de pensamientos y visiones que condicionaron los siguientes días.

La sede del club está en la avenida Piovano Norte, frente a las vías del ferrocarril, a un par de cuadras de la estación. Un viejo lugar de encuentro para los vecinos, fundado allá por 1937, con una tarea social importante desarrollada en la zona, dada su convocatoria.

El ingreso fue trabajoso, dado la gran cantidad de parroquianos que cubría la vereda y parte de la calle, lo cual nos decía que algo sustancioso estaba por suceder. La música sonaba con mucha potencia. Daban el presente todas las canciones  que sonaban en las radios, al mismo instante en que la gente iba copando la pista. Observé asombrado la gran cantidad de mujeres que se dieron cita, lo cual me hizo recordar el énfasis que puso Mónica al pasarnos el aviso. Nadie de nosotros había cenado, así que fuimos directo al bufet a comer hamburguesas, que acompañamos con unos buenos tintos. La baranda a choripán estuvo a punto de torcer el menú.

Una de las cosas que se anunciaban en varios carteles era un concurso para elegir la “pareja Travolta” de la noche, es decir, ver quiénes imitaban mejor a la pareja que se lucía en la película “Fiebre de sábado por la noche”, de exitazo mundial y singular resonancia por estos lares. Pero algo me dijo que eso no era todo… Algo se parecía mucho a un anzuelo.

No hay un lugar mejor para saborear hamburguesas que el bufet de cualquier club de barrio del Gran Buenos Aires. Supongo que entre las manos duchas del asador, el clima reinante, más el estado de euforia general, condimentan como nadie. Unos minutos después se acercó Koki para preguntarme qué estaba por pasar, además del concurso. Se veía que él también tenía la visita de la intuición, pero no quiso adelantar nada. Alfredo no solo me preguntó lo mismo, sino que pensó que, Mónica  esquivó respuesta porque parecía tener alguna referencia. Raro.

Empezaron a sonar los temas de Bee Gees, como para calentar la máquina. Esto hizo que de inmediato despertasen los bailarines. El cuadro mostraba una multitud sedienta de diversión, la magia de un sábado por la noche del conurbano ya se había puesto el traje de gala, los colores de los asistentes brillaban más que una hora atrás. Las mujeres se movían exhibiendo esa plasticidad de barrio que tanto seduce, como si la danza fuera un invento bonaerense: por ahí lo es y el prejuicio porteño lo ningunea. Siempre es inquietante ir a bailar, llevar curiosidad a un lugar colmado de desconocidos. Eso de moverse en medio de un desfile de caras nuevas, miradas anónimas, viejas ansiedades, ciertas calenturas temporarias, la contemplación que muere en minutos da una adrenalina que pica. Por esos años era casi la única posibilidad de entablar relación con alguien del sexo opuesto, aquello de mover el esqueleto era solo un pretexto.

Empecé a contabilizar que las mujeres, se iban multiplicando, algo que nunca sucedía en ningún boliche. Se cortorneaban más seguras que esos tipos que comenzaban a dar muestras de dureza, de sorpresa tardía, como si ninguno tuviera un plan y solo atinaran a dejarse llevar por lo temerario que empezaba a circular. Muchas bailaban entre ellas, costumbre inusual.

Tenemos un historial de visitas, viajes, incomodidades tan atípicas como pasajeras. Pero la presencia de mujeres bailando dentro de pantalones ajustadísimos traía la visión de que ciertos ideales, u ocultos destinos, estaban ahí para que podamos mirar más de cerca al horizonte. De golpe uno se ve rodeado de incógnitas pero empieza a imaginar una nueva vida, como si de pronto encontrara huellas de viejos amores o un camino que conduce a la reparación. ¿Quién sabe lo que está pasando por la cabeza de esa gente? Ni siquiera se piensa en las circunstancias, solo uno empuja, se empuja, inventa una utopía propia que dura no más de cinco minutos, pero no importa, es bueno eso de ir detrás de sueños cortos. ¿qué sucederá en la mente de las morochas del conurba? Esa es una pregunta que le queda grande a La Academia de Platón, la pregunta que al sonar provoca que los psicoanalistas tiren la toalla.

Estalló un ruido tan insólito como inclasificable, como de guitarrista apagando el sonido abruptamente, lo que los músicos llamamos staccato. El bajo de inmediato se calzó unas síncopas rumbo a la incitación. La batería lo confirmó todo. Una voz repetía “Sugar, sugar…”, lo reconocí, era Rod Stewart. Miro hacia la pista constatando que todas las minas están unas junto a otras. Ellas de un lado, los tipos del otro. Si lo organizaron no me di cuenta, no estaba prestando atención, mal lo mío.

Volví a avistar pero con más concentración, entonces veo que todas hacen el mismo paso, bueno, no exactamente igual pero sí muy parecido. Creo que nadie se da cuenta de que las cosas mutaron, que la acción es otra con una puesta en escena casi perfecta. Stewart canta “Ella se sienta a solas, esperando sugerencias, él está muy nervioso, evitando todas las preguntas, sus labios están secos, el corazón de ella palpita suavemente, no sabes exactamente qué es lo que está pasando”.

Rítmicamente, el cantante relataba una correcta descripción de lo que venía sucediendo desde que empezó la canción.

Bailo haciendo lo mínimo, no puedo actuar de otro modo. Los brazos, las piernas, ya no me pertenecen, algo se adueñó de los cuerpos masculinos condenándolos a moverse apenas, mirando la nada compartida. Percibí que mis movimientos no importaban, la posta sucedía fuera de mí. Mónica está bailando distinto, ensaya pasos suyos pero hay algunos inducidos desde otro estado, vaya uno a saber en medio de todo esto quién marca el paso. ¿El inconsciente colectivo femenino? Mónica mira distinto, con cariño, pero queriéndome transmitir un mensaje oculto. Hay en el aire algo furtivo, nunca confesado, pero que busca socorrerme, lo cuentan muy claramente sus ojos ahora más oscuros pero brillosos.

La voz parece acomodarse como para dar una guía, levanta el volumen, parece excitarse y dice: “Si querés mi cuerpo y creés que soy sexy, vamos cariño, hacémelo saber, si realmente me necesitás solo tenés que llegar y tocarme, vamos cariño, decímelo…”.

Pero yo no puedo decir nada, loco, si no me sale la voz, ¿no ves que no puedo avanzar y acariciarla? Es como si a mi cuerpo eso nunca se le fuera a ocurrir. Entonces empiezo a pensar que acá hay gato encerrado, no puede ser que ningún tipo se pueda adelantar, ninguno toca a su mina, todos estamos moviéndonos por inercia, somos solo eso.  Hilos invisibles bajan del techo, nos mueven y no nos preguntan porque no interesa nuestra respuesta, estamos ahí solo para mirar sin comprender. Hago un esfuerzo por observar sin asustarme. Lo mío es titánico pero finalmente lo consigo. Empiezo a entender, me doy cuenta porque Mónica, por primera vez en este ratito, me sonríe con cierto orgullo.

Si una regente dio la orden no la vi, pero ahora todas a la vez alzan el brazo derecho, bailan, me quedo esperando que hagan lo mismo con el izquierdo, pero esto no sucede. Siguen así. Luego lo bajan y alzan el izquierdo, me sorprendieron.

Hay alrededor una fiesta pagana femenina, los tipos estamos ahí, dibujados desprolijamente, sin habla, la mayoría espía pero no caza una, ni siquiera simulan inteligencia. Lo de las minas es una clase magistral.  ¿De dónde sale la gracia que exhiben?, se preguntan los ciegos. Todas apuntan con esos pechos vivientes a lo mejor que sucede a pesar de la ignorancia reinante. Los mueven de una manera acrobática, mis ojos tratan de acompañar, intentan verlo todo pero se cierran lentamente, resignados a quedar afuera de tanta belleza desplegada. ¿Cómo se verán mis pupilas? ¿Se verán o serán una alucinación de aquellos ciegos?

Las chicas dan un pequeño paso adelante con su pie izquierdo, espero que adelanten el otro, pero eso no sucede, otra vez quedo pagando. Levanto la vista observando otros movimientos cuando adelantan el pie derecho. Yo lo sabía, manejan la sorpresa, cuando espero una acción no responden, cuando ellas lo disponen lo hacen y yo ando desatento. Ahora sus brillos dan un mensaje, sí, capto, la belleza puede estar cerca, es más, puede que esté al lado nuestro, caminando con rumbo preciso. Hay una enorme soledad que espera agazapada, es prolija a la hora de delinear cosas tristes y uno se encierra, se enceguece. No más encierro, loco, no más quedarse atrapado en medio de una historia infame.

Esas tetas ahora van todas juntas, a la misma velocidad, no importa los tamaños ante tamaña sinrazón de mirar lo hermoso con la ignorancia de los prejuicios. Anuncian que los carceleros han sido expulsados y devueltos a sus cuevas sangrientas. Algo me dice que en este instante en las piernas se escriben razones. Marcan el ritmo junto con el baterista, lo superan y el batero lo sabe, entonces repite el mismo patrón y de ahí no se mueve, no quiere arriesgar, sabe que va a perder. Los pies pisan como acariciando las baldosas grandes, giran apenas, avanzan, se tuercen, retroceden y saben muy bien por dónde volver.

Nosotros, encadenados de modo invisible, lo único que vemos son sombras reflejadas en la pared, pensando que esa es la realidad. Algo así como el fuego de la parrilla iluminando al otro lado de la pared. Los tipos vemos las sombras proyectadas por objetos que son manipulados por personas que pasan por detrás, segurísimo que no son del club, incluso posta que no son de Moreno, loco, ¿serán de Padua? ¡Guarda, eh! Pero no estoy en condiciones de entender un carajo, aunque ya no me duele porque sé que siempre va a ser así. No es resignación sino una porción de sabiduría.

Eh, ¿qué pasó? Preparan algo después del estribillo… ya viene, ya se viene. Entre el bajo y la batería abren paso, claro. Es el momento del solo de saxo. Arranca con sensualidad clavando una nota aguda que parece aturdirme, pero no, ingresa en mis oídos y me acaricia. Mónica se dio cuenta, lo dice con una mirada tranquilizadora dando la orden de acurrucarme.

Uno muchas veces se comporta de acuerdo a lo que percibe, creyendo estar frente a una realidad determinada. Mientras actúo, porque casi no coordino, trato de hacer algo decoroso con el cuerpo: tiendo a pensar que estoy buscando una cosa que me ayude, pero no sé, no paro de dudar, desde que empezó el tema que estoy así.

Algo encubierto se vacía y estoy ahí, tratando de imaginarme cómo será mi vida luego de todo esto. ¿Qué voy a hacer con semejantes  revelaciones? Primero, tratar de comprenderlas, pero no sé si eso me va a surgir, pareciera que no. Tiendo a suponer que los otros tipos están siendo invadidos por unas pobres creencias fantásticas, ensoñaciones trepan por sus espaldas pero en las caras solo noto la desazón de no saber generar nada, o muy poquito, solo la capacidad que alcanza para fichar, que también tiene lo suyo, lo reconozco, pero resulta que ahora nos toca estar acá, tratando de conseguir un gol del honor que evite una goleada difamante.

¿Los que están alrededor que estarán viendo? Hay un realismo casi mágico en los ojitos de Mónica: mezclan el humanismo con el recuerdo infantil de lo que se soñaba para uno. Esa nota agudísima que clavó el saxofonista me pegó fuerte, cuesta sobreponerme, me muevo con ese bisturí clavado en la nuca. Finalmente lo hago porque un sonido de guitarra, su eco, genera una tensión que pronto me lleva a levantar la vista. Veo otra vez a las minas moviéndose como en una coreografía ensayada durante meses, giran, se ponen de espaldas dando comienzo a otra serie de pasos, la variación constante frente a la quietud, lo de siempre.

De fondo están el bajo y la batería haciendo su propia versión del asunto, tienen su rato de gloria.

Mi vouyerismo se torna insaciable. ¿Cómo saben que deben moverse así? Mónica nunca estuvo acá, o no me lo dijo, no conoce a todas estas mujeres, ¿por qué hace lo mismo que todas y con tremenda coordinación?, ¿cómo lo sabía?, ¿cuándo se enteró que iba a suceder esto? Entonces me mintió al decir que lo escuchó por radio, se ve que alguna mujer la puso al tanto y le dio órdenes. Ahora entiendo aquel énfasis que le puso al comentarlo cuando estábamos en la esquina del barrio, ¿no ves que somos unos boludos que nunca nos damos cuenta de nada?

Las mujeres se muestran, son planetas desconocidos, se transforman en mapas que solo pueden leer los que las aman, eso está dicho en el aire, entendido. Podrán mostrarme paisajes que sueñan con la poesía, montañas egocentristas, mares ingenuos, pero yo estoy acá, moviéndome apenas, descifrando buenas noticias, mientras miro infinidad de caderas que son revoleadas a espaldas de la derrotada ley de gravedad. Ley que ahora yace en el piso, amargada, se levanta como puede, nadie la ayuda, que se joda por soberbia y mentirosa, pedazo de vigilanta. Se incorpora torpemente, mira para todos lados porque se siente avergonzada, mira hacia la parrilla, ¿querrá un choripán? No le gusta caerse delante de la gente que ni siquiera ríe, no, nadie le da bola lo cual es mucho peor. Un grupo de sirenas no canta, despliegan una danza que atrae, producen una sensación que ordena dejarse ir, pero esta vez el abismo será reemplazado por un paraíso novedoso y los viajeros vamos en silencio, un silencio ajeno, prestado y con mucho uso, ese que no asusta.

Miro con lentitud hacia ambos costados, los culos de la Historia acarician el aire, lo tensan para luego devolverlo relajado. Saben que es la manera más tonta de llamarnos, pero es la ley que nos cabe. Son rasgos hipnóticos que vinieron con la noche, son desafiantes, inquietan, los zamarreos del oeste. Todas bailan como alrededor de una fogata mientras una bruja lee una vieja leyenda que regresó por más locura.

Llega una blanda vibración en medio de la música. Allá vamos sin certezas, confiamos ciegamente en las sirenas, nos abandonamos a las ilusiones, esas que ya olvidamos o que quizá nunca conocimos. Estábamos descubriendo un nuevo tipo de espera, una que va a los saltos entre la esperanza y el temor a lo desconocido. Me pareció que muchos fantasmas salían de raje, es que algo estrambótico se vio de repente, supuse eso, como se verá no estoy muy seguro, pero creo que el estado nervioso regresó por unos segundos y me cagué todo, hacía un rato que iba confiado. De un segundo a otro empecé a convencerme de que a partir de ahora iba a tener al alcance de la mano una mejor versión de mí mismo. Estaba lleno de suposiciones, deseos, visiones futuristas. Esa noche el piso era obligado a recibir visitas de cosas innobles. No es una jornada para entes soberbios. Una noche de suspiros, en donde todo lo racional hace un papelón. Dicen que el Conurba Oeste es temible.

Todo se fue aquietando, el tema se iba despidiendo mientras las mujeres se colocaban frente a cada tipo, recuperando el lugar que tenían al empezar. Me pareció ver que muchos pibes seguían sin darse cuenta de los mensajes recibidos, de las imágenes proyectadas sobre todos nosotros. Claro, uno sabe que siempre construyen sobre nuestras vidas situaciones que no nos pertenecen pero algo se nos mete, o queda rebotando ahí, lástima que eso se va deteniendo sin que el chabón lo perciba,  entonces la mujer se da cuenta y se va. Es un duro castigo pero el imbécil corre con ventaja: nunca se va a dar cuenta, tiene un mecanismo de negación que lo hunde. Mientras tanto iba planificando mi regreso. Mónica sabía que me había dado cuenta de casi todo, o al menos de una gran parte, así que se acercó a ritmo, sin parar de bailar se acomodó en la baldosa en donde estaba e intentó hacer un gesto de normalidad. Yo no le dije nada, me hice boludo como tantas veces. Creí entender que esa debía ser mi actitud, si es que había comprendido el mensaje de semejante confabulación.

Pensé que la solución era reunirme en la semana con Carlitos Tecno, pasarle todos los datos, contarle las imágenes vistas, las imaginadas, respetar la cronología de los hechos y de ahí en más dejarlo que haga sus cálculos. Necesitaba escuchar asociaciones y teorías que tendieran puentes entre mis observaciones y sus conocimientos científicos. Con esas informaciones él podría encontrar una respuesta.

Así que seguí bailando tratando de disimular sin tocar el tema. Ella tampoco preguntó nada, se mostró con una absoluta indiferencia con respecto a lo sucedido. Miraba como diciendo “si entendiste no tengo nada que agregar, actuá en consecuencia; ahora, si no entendiste nada, todo seguirá su curso hasta que el cielo decida dejar caer una tormenta que inunde todo, dejándonos en islas diferentes y alejadas”.

En un momento fuimos al baño. Pregunté a Koki y a Alfredo si vieron lo que yo vi, y de inmediato cabecearon afirmativamente, con ojos de fascinación y miedo. Oscar, Ismael y Ángel dijeron que en ese momento habían vuelto al bufet, de manera que no sabían de qué estábamos hablando. Decidimos seguir como si nada, nos dimos la orden de no hacer ningún comentario frente a Mónica. Regresamos a la pista, tomé a Mónica de su mano izquierda y salimos a bailar. Los otros comenzaron una nueva ronda a la búsqueda de la susodicha que les salve la noche.

                                              

                                                     II

 

Un turbio martes 13 comenzaba a cerrar su boliche para cabuleros cuando descendí del colectivo 55 en Nazca y Rivadavia, justo donde Flores parece desarmarse y  pasar a llamarse Floresta. Apuré el paso porque ya quería estar en la casa de Carlitos Tecno para contarle la tremenda experiencia.

- Bueno, a ver, con los datos que me pasaste por teléfono fui armando una serie de ítems como para ubicarme frente al tema y desde allí esbozar unas pautas analíticas que den cuenta del fenómeno. Anoté cosas sueltas que te iré comentando, quizá con algo de desorden, pero prometo rearmar todo, priorizar una cronología como para tener una primera impresión de lo sucedido y después ir hacia una arqueología que nos explique algunos puntos troncales.

- Antes tengo que confesarte un par de cosas que pueden ayudarte: ayer me contó Alfredo que yendo en el subte al laburo escuchó a dos pibes contar que el sábado fueron a bailar a un lugar en San Justo, y hacían mención a algo parecido, un montón de minas en una coreografía rara, inesperada, y eso no es todo… ayer, mientras esperaba el bondi en Palermo, escuché a tres chabones describiendo algo así pero en un boliche por Haedo. Oscar escuchó en la radio acerca de un suceso extraño en un club en Merlo. No sé, por ahí te sirve de algo.

- En efecto, es de mucha utilidad, o sea que decidieron atacar en el oeste, tenemos ya cuatro lugares: Moreno, Haedo, Merlo y San Justo, localidades del oeste.

- ¿Y eso qué significa?, me quedé pensando en eso de las conspiraciones...

- Flenin, sin lugar a dudas esto que presenciaste el sábado fue una conspiración, tu novia formó parte de ese mecanismo. Yo pienso que lo que ella buscó… esperá, a ver si me explico mejor, creo que ella se prestó para que vos comprendas algo ignorado, convengamos que te abrió una puerta.

- Me suena raro esto de una conspiración y Mónica metida ahí.

- Eso lo tenemos que configurar. Abordar el movimiento dialéctico entre la historia individual y el contexto general. Vos hablaste de una confabulación femenina. Estando ahí tenías la sensación de que todas lo sabían, y claro que estaban al tanto. Date cuenta que las teorías conspirativas y las confabulaciones hicieron la Historia. Nada sucede si primero no hay una conspiración.

- Si pienso en sucesos de la Historia te doy la razón, o, al menos, empiezo a dudar…

- Es que esto debía ser presentado a través de un complot. Supieron golpear en el momento indicado con el mensaje adecuado, en un día particular. Hicieron la lectura correcta de qué tipo de hombres iban a presenciar los hechos y supieron elaborar un plan para tomar esa energía que viene de la frustración, de la sinrazón actual masculina, para transformarla en una materia manipulable a sus fines políticos, sociales, sexuales, afectivos. Decidieron intervenir sobre la música con la idea de transmitir nuevas significaciones que ellas necesitan imponer para delinear un nuevo imaginario de sentido.

- Si vos lo decís.

- Vamos a establecer relaciones. Para ir desarmando el fenómeno pensemos que el sábado fue 10, un número considerado perfecto, es parte del cuerpo humano, en manos y pies, se eligió esa cantidad para enmarcar. Otra resultante, los Mandamientos cristianos y también los budistas son 10. Según los pitagóricos, es un número ideal, también considerado sagrado por significar la suma de los cuatro primeros números consecutivos, es decir, 1 +2 +3 + 4 igual 10. Además, siempre se reconoció que es la suma de los cuatro elementos de la creación, el agua, la tierra, el fuego y el aire. Prosigamos, ubicándonos en tiempo y espacio: esto sucedió en Moreno, en pleno oeste, que significa la tarde. Los griegos llamaban así a la península Ibérica, un modo poético de hablar de lejanía, de cierta poesía del ocaso, de encontrar un lugar para expresar mensajes sagrados. Este año, 1979, en el horóscopo chino representa a la cabra, el magnetismo, una gran relación con la naturaleza, un mensaje sobre el amor. Al investigar algo concerniente a lo femenino, antes de ir hacia lo científico siempre conviene darse una vuelta por el entramado místico.

- Ah bien, algo de eso se vio en lo del sábado, hubo un mensaje que apunta a lo afectivo, digo esto por lo de la cabra china. Dejame pensar bien. Otro elemento. Vos sos músico, sabés que en los temas rige un pulso, en este caso es 116, que es un número natural, por tanto entero, racional y real.

- ¿Y eso qué me explica?

- No te apures, dejame desmenuzarlo, tiene seis divisores, 1, 2, 4, 29, 58 y 116, ya voy a encontrar algo por ahí.

- Te tiro un dato: ese es un pulso interesante, no es el clásico bailable de 120 pero se le arrima bastante.

- Sí, yo creo que en un pulso a 116 podés decodificar mejor que con 120, acá la tarea fue la producción de una representación cultural que condense un universo discursivo.

- Pero ahí había muchos tipos, Carlos, ¿vos decís todos fuimos llevados a través de un engaño?

- Seguramente, Flenin, la mirada analítica da cuenta que allí hubo un pacto. Mónica lo comunicó, lo hizo frente a un grupo de gente, o sea te convocó delante de testigos. Si vos no ibas, la condena era mayor. Ya iremos vinculando los mecanismos sociales con las necesidades individuales. Y desde las instancias de producción abordaremos cuestiones más totalizantes, no va a ser tan complicado.

- No entiendo un carajo, loco, hace un rato que no sé de qué carajo estás hablando...

- Mantené la calma, después vamos a ir explicando los puntos, ahora vayamos atando cabos en general. Trataré de ser más claro. El instrumento que lleva el tema, que hace lo más notorio, rítmicamente hablando, es el bajo. Lo llamé a un amigo bajista, Tito Merco, y me dijo que el tipo toca todo el tiempo sincopado para contagiar movimiento constante, es decir, produce un mensaje mediante la acción, es más trabajoso así reflexionar, pero está muy bien calculado. Hablaste de una nota que clava el saxo: me fijé y es un Do, nota que vibra en 396 hercios de frecuencia. Se dice que es utilizada para la liberación del miedo y la culpabilidad. En el summun del tema, en el minuto 2,45, el bajo queda solo, se hace cargo de todo emitiendo el mensaje bien claro. Y un factor a tener en cuenta para identificar una cátedra de femineidad: en el minuto 3,54 el baterista ingresa en estado de suspensión, induciendo a que se termina el tema, ya casi no hay ritmo, comenzamos a pensar en lo que viene, nos desconcentramos, entonces al minuto 4,18 da una señal para lanzar el tema nuevamente. Impresionante, es una antigua táctica femenina llegada de Oriente, el arte de simulación del final. Entrenaron muy bien al batero. Ojo con los bateristas.

- Sí, esa parte que dijiste del bajo la recuerdo posta, es súper rítmica, incluso lo que toca el chabón es un moño, la hace difícil, tiene mucho swing.

- Pero claro, Flenin, ¿qué te pensás, que van a dejar a un simplón que exprese lo que quieren comunicar? Volviendo al asunto del grupo de mujeres que se vio en los lugares, te cuento una pista: en la isla de Chipre, donde nació Afrodita, diosa del amor y la fertilidad, las mujeres realizaban danzas rituales eróticas mediante las cuales se ponían en trance. Esto les permitía entrar en contacto con la diosa y que ésta les pasase su poder. En estas ceremonias participaban gran número de mujeres, ¿se entiende?

- Totalmente… se agruparon para obtener poder.

- Se reagrupan para reafirmar el poder propio y al estar en contacto con el grupo generan una energía que les multiplica la velocidad. Van desde el reposo hasta la velocidad indicada. Una vez conseguida esta energía durante la aceleración, el cuerpo mantiene su energía cinética salvo que cambie su velocidad, pero ahí se recuestan sobre el pulso 116. Para que el cuerpo de la mina regrese a su estado de reposo se requiere un trabajo negativo de la misma magnitud que su energía física. Sabían que no iba a suceder desde lo externo, ellas lo manejaron.

- Pero Mónica no entiende un carajo de todo eso, Carlos. Todavía ni siquiera tuvo física en la escuela.

- Sí, pero pertenece a una corporación que rige por encima de los conocimientos particulares, tenía la orden de dejarse ir. Vos dijiste que en el momento de las representaciones culturales estabas impactado, sin capacidad de reacción, con tu cuerpo como ausente, porque la profundidad de penetración es proporcional al cuadrado de la velocidad de impacto.

Por suerte, Carlos tenía que ir a buscar a su novia y debía salir. Lo digo porque mi confusión a esa altura del día, sumada al cansancio del laburo, me superaba. Fueron demasiadas situaciones incomprensibles, argumentos fuera de mi alcance. Entonces salimos a la calle despidiéndonos al segundo.

Fui hacia el lado de la avenida Rivadavia, que estaba desolada. Pero no tanto: vi algunos tipos que a medida que pasaban giraban para mirarme. Se me ocurrió caminar varias cuadras por curiosidad. Fueron diez exactamente y no me crucé a ninguna mujer. Subí al colectivo, el interno 13, y claro, eran todos tipos solos con la vista clavada en las ventanillas, como dejando ir la esperanza.

La visión era cuasi teatral. Sobre las veredas se veían tipos estaqueados, con ropa de invierno, muchos con bufandas rojas. Imagen que no inquietó a nadie, todo era resignación y pronto olvido. El chofer miraba de modo singular por el espejo, tramando algo, de esa manera logró que todo el viaje fuera intranquilo. Decidí bajar en Serrano y Corrientes. Caminé frente al mismo cuadro observado en Flores y Caballito: poquísimos hombres y ninguna mujer. En los colectivos que circulaban comprobé que solo viajaban chabones. Apuré el paso, doblé como una moto en la avenida Juan B. Justo, con ese recorrido me desviaba varias cuadras pero tenía necesidad de confirmar sospechas. Doblé en Añasco. Llegué a mi calle Belaustegui cuando la oscuridad parecía ser superior a la de otras noches. Altos árboles envolvían aún más las sombras que bajaban presurosas, dejándose caer sobre la vereda con desgano. La escasa luz esfumándose sobre los adoquines viejos no pintaba con colores definidos, mientras unas hojas muertas improvisaban un blues que se arrastraba. Caminaba mirando alrededor en medio de un sospechoso silencio. Ingresé a mi casa, ladró  Ringo y cerré enseguida. Pero nunca supe de quién estaba a salvo.

 

 

 

 


Comentarios

Entradas populares